Recuerdo esos días
en que podía ser feliz,
más que ahora,
con mucha mayor facilidad,
algo tenía que ver alguien
que en ese tiempo tenía nombre,
tenía un espacio en más de un lugar,
así como en lugares que inventé,
con intercambios
de acuerdo al momento,
números, nombres, páginas,
cartas, silencios,
persuadiéndome del final,
ese final que siempre pensé,
aquel que llegué a creer
que era solo una lejana idea,
un temor sin sentido, sin sentido.
En el momento fue para mejor,
en el momento tuvo sentido,
pero ¿por qué es así?,
¿por qué ahora es así?
¿en el momento fue para mejor?
El silencio se compartió aun más,
aún más, todavía más, incluso más,
solo se comparte el silencio.
Ahora lo usual es que no exista
ni un espacio en común,
ni un nombre al que llamar
en silencio, en un susurro,
cuando es demasiada la soledad,
a veces es demasiada la soledad.
¿En qué momento te convertí,
nos convertimos,
en una parte más del paisaje?

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