Las palabras crean realidades,
las imágenes crean realidades,
la música crea realidades,
por esto mismo
yo tomo instrumento,
sin afán altruista
así como tampoco del ego,
solo en la libertad de la creación
me encuentro sumido,
sumido en mis propios sentidos,
sumido en el vaivén de los sonidos,
una nota, seguida de otra,
¿seré acaso yo mi propia guitarra?
o quizá sea un sonido de ella,
una representación del mundo,
de un habitante del mundo
que busca crear otros tantos,
siendo espectador y protagonista,
siendo un acorde, mientra veo,
veo como producen mundos,
se reproducen verdades
entremedio de certezas,
certezas suspicaces
procurando una conquista,
del espacio-tiempo,
de tus ojos brillantes al atardecer,
de la libertad del momento,
del movimiento de tus pies
y trenzado de tu cuerpo con el viento.
La pícara melodía es una más
saliendo de mí, a través de mi voz,
mientras se enreda, resuelta,
en la voz de mi acordeón,
formando un solo sonido,
distintos aspectos del mismo espacio,
a esta altura no soy, sino,
una creación de la realidad del acordeón,
un vástago del campo del violín,
un momento del rasgueo de la guitarra,
perdido entre la clave de sol,
la clave de fa, la clave de do,
la clave de mi vida
está en el ronquido
de mis instrumentos soñadores,
soñadores de realidades,
creadores de mis verdades.

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